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Entre la frustración y el miedo

Entre la frustración y el miedo Imprimir E-Mail
Milagrosa Carrero   

08 jun 2007

 

"La culpa es de Zapatero". Culpar al Presidente del Gobierno del fin de la tregua siempre es más práctico que culpar a ETA, por razones evidentes, y sobre todo, porque hemos comprobado que a Zapatero se le puede zaherir, difamar, e insultar tranquilamente sin que tome represalias. Bien claro lo han tenido los políticos de la oposición, tras tres años, sin un segundo de "tregua", en sus continuas agresiones verbales contra él.

Pero lo más curioso es que esta "ocurrencia" de echar la culpa al gobierno, sobre la decisión de ETA de acabar con la tregua, no es patrimonio de los que atacaron el proceso de paz, si no que muchos de los que lo han apoyado también culpan al ejecutivo por un política que consideran mojigata con respecto a las negociaciones del proceso de paz.

Y así de un lado tenemos a la izquierda, que le achaca al gobierno su excesivo afán por mostrarse conciliador con la oposición, diríase que cediendo ante las presiones del partido opositor, a la hora de adoptar medidas claras en la negociación con la izquierda Abertzale, y hasta acusándolo de haber desperdiciado la confianza depositada en él por la mayoría de los españoles, y las expectativas puestas por todos en alcanzar la paz. Y de otro lado está esa minoría pepera que ha estado atacando duramente la política antiterrorista del Gobierno, desde el primer momento en que se abrió el proceso de paz, posicionándose, incluso, en contra del conjunto mayoritario restante de fuerzas parlamentarias;

Una minoría que en ningún momento han apoyado al Presidente en la dura labor de negociar la paz, y que ahora parecen alegrarse de que el proceso no haya llegado finalmente a buen puerto, e incluso se permiten exigirle una rectificación por el hecho de haber intentado, al igual que sus predecesores, acabar con la violencia terrorista de ETA.

Vistas así las cosas, la culpa es del gobierno, porque si hubiera cerrado los ojos ante la posibilidad de una paz, esperada por todos, jamás habría fracasado en el intento, aunque a día de hoy, fueran unos cuantos más los españoles que lloraran a sus seres queridos, y el resto, victimas todos del terrorismo, no hubiéramos podido, en ningún momento, despegarnos, de encima, la losa del miedo. Y vistas del revés, "la culpa es igualmente del Gobierno" - ¡no faltaría más!- porque con una mayoría parlamentaría y el apoyo incondicional del Congreso para legislar, se ha dejado amilanar supuestamente por el PP, sin atreverse a permitir la reconversión de la Izquierda Aberzale a las formas de lucha legales propias de los cauces democráticos, aunque ello hubiera significado una nueva Ley de Partidos.

El Gobierno de Zapatero, como antes hicieron el de Suárez, el de Felipe González, y el de José María Aznar, se ha atrevido a arriesgarse a ganar o a perder, el soñado proyecto de la paz, en el momento más propicio, y quizá lo hubiera conseguido, de haber calculado bien a quien tenía enfrente, que en esta ocasión, desgraciadamente para todos los demócratas, no ha sido sólo a ETA, si no al mismísimo aparato jerárquico del PP, en su faceta más desaprensiva, y no me refiero a la militancia, algunos de los cuales han manifestado públicamente su vergüenza por el uso electoralista que sus líderes han hecho del proceso de paz, sin reparar en la tremenda responsabilidad en la que incurrían con esta actitud, ni en las consecuencias que tendrá en las vidas de unos cuantos españoles -muchos ya sometidos nuevamente a la escolta, y a otras precauciones-, por no decir de todos.

Conservo sinceramente la esperanza de que al anuncio de fin de la tregua, no le siga ningún atentado. ¿Quien puede no desear que no haya más muertos ni más heridos, ni más gente que sufra, ni una sola nueva víctima de ETA?

Hoy muchos andan en busca de un culpable que acalle sus conciencias, mientras tanto el gobierno necesita, en su intento, el apoyo unánime de toda la sociedad, y no pocos andamos, sin saber como aportar nuestro granito de arena, entre la frustración y el miedo.

Milagrosa Carrero Sánchez
Profesora de secundaria

 


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